Hoy se cumplen 5 meses desde que volví. Exactamente la misma cantidad de tiempo que estuve allá. Pensaba que no iba a volver a sentirme cómoda en mi propia casa, pero finalmente pude. Aunque aún queda una sensación rara, un algo sin resolver. Y es que hoy, 5 meses después, parece que todo fue un sueño. Otra vida, totalmente distinta. Todo desconocido: todo por conocer, por aprender, por descubrir. Lugares, personas, comidas, la misma "rutina". Pero la cuestión es que no fue un sueño. Fue real.
Un 4 de diciembre me subí a un avión pensando que me iba "de viaje por 5 meses". No tenía ni idea de que no era un viaje y de que, una vez que vuelva, iba a sentir como si hubiera dejado una vida atrás.
La Agustina que se fue no es la misma que volvió. No sé muy bien quién es la que volvió, y hoy siento que tampoco sé quién era la que se fue. Solo sé que no es la misma. Supongo que eso es lo que tengo que resolver.
Hace 2 semanas puse un contador regresivo de los días que faltan para volver. Cuando lo puse estaba en un momento de "no sé qué mierda hago acá, me quiero ir de nuevo ya, cuánto falta?". A medida que transcurrieron los días durante las últimas 2 semanas, fui cayendo en la realidad de que el círculo se iba consumiendo demasiado rápido. Hoy quiero que el tiempo empiece a pasar más lento. Quiero compartir más con mi familia. Vivir más en este entorno, compartir con la gente, pasear en mi ciudad. Me cuesta compartir con las personas, considerando que ni sé muy bien quién soy al momento de interactuar con alguien.
No sé quién soy desde que volví, y hoy que faltan 63 días para volver a partir, ya sé que voy a volver a cambiar, aún esta que soy ahora, que no sé muy bien quién es, va a cambiar otra vez. Tal vez por eso quiero que pase más lento el tiempo. Para llegar a conocerme, y saber quién es la que va a cambiar ahora. A quién estaré dejando atrás esta vez.
Pensé que irme solo iba a ser muy difícil la primera vez, y después, ya habiendolo vivido, iba a ser más fácil. Y ahora siento que el año pasado, debido a mi ignorancia, en realidad fue más fácil. Esta vez ya sé qué me pierdo. Las Fiestas. Los cumpleaños. Los almuerzos familiares. Las tardes de pileta. Las meriendas de chicas. Las canciones de mi hermano. Las vueltitas de mi perra. Las comidas de mi mamá. Los brownies de mi tía. Los juegos con mis pipis. Las guitarreadas con mi papá. Las charlas con mi mamá. Los paseos con mi tía. Las tormentas de verano que tanto amo. Los licuados en tardes de calor. Los abrazos. Los besos.
El contador regresivo sigue avanzando, y yo cada vez soy más consciente de lo que no puedo llevar en la valija cuando me vaya.